
Hábitos atómicos (James Clear)
Esta entrega habla de el tiempo el esfuerzo y el ambiente para crear nuevos hábitos. Así como de la Tercera Ley planteada por el autor James Clear «hacerlo sencillo».
Avanza despacio pero no des marcha atrás
Como dijo una vez Voltaire: “Lo mejor es enemigo de lo bueno”
Suelo referirme a esto como la diferencia entre ponerse en marcha y actuar. Los dos conceptos suenan parecido, pero no son iguales. Cuando te pones en marcha estás planeando, estableciendo estrategias y aprendiendo. Todo eso es bueno, pero no produce resultados.
Actuar, por otra parte, es la clase de comportamiento que te conduce a un resultado. Si bosquejo veinte artículos que pretendo escribir, eso equivale a ponerme en marcha. Si realmente me siento y escribo un artículo, eso es actuar.
Si quieres dominar un hábito, la clave es empezar con la repetición del mismo, no con la perfección. Sólo tienes que ponerlo en práctica. Esta es la primera aportación de la Tercera Ley: solamente tienes que ponerte en manos a la obra y hacer tus repeticiones.
¿Cuánto tiempo toma desarrollar un hábito?
El tiempo el esfuerzo y el ambiente para crear hábitos contemplan que:
entre más repitas una actividad más cambiará tu estructura cerebral para volverse eficiente en dicha actividad. Tanto el sentido común como la evidencia científica están de acuerdo: la repetición es una forma de cambio.
Todos los hábitos siguen una trayectoria semejante que va de la práctica esforzada a las conductas automáticas, un proceso que se conoce como automaticidad. La automaticidad es la habilidad de realizar una conducta sin tener que pensar en cada paso, lo que ocurre cuando la mente inconsciente está a cargo.
No hay nada mágico respecto al tiempo requerido para la formación de hábitos. La frecuencia es lo que hace la diferencia. Tienes que acumular suficientes intentos exitosos hasta que la conducta esté firmemente integrada en tu mente y hayas logrado pasar la Línea de los Hábitos.
Para desarrollar un hábito, necesitas practicarlo. Y la manera más efectiva de hacer que la práctica se realice es cumplir con la Tercera Ley del Cambio de Conducta: hacerlo sencillo.
LA LEY DEL MENOR ESFUERZO
Es parte de la naturaleza humana seguir la Ley del Menor Esfuerzo, la cual establece que cuando se tiene que decidir entre dos opciones similares, las personas naturalmente tenderán a elegir la opción que requiere la menor cantidad de trabajo. Cada acción requiere una cantidad de energía determinada. Entre más energía se requiera, es menor probable que ocurra la acción.
En cierto sentido, un hábito es solamente un obstáculo para que obtengas lo que realmente quieres. Tú no quieres el hábito por sí mismo. Lo que verdaderamente quieres es el resultado que se obtienes tras poner en práctica el hábito.
La idea detrás de hacerlo sencillo no consiste en hacer solamente cosas sencillas. La idea es simplificar tanto como sea posible en el momento presente los hábitos que producirán una recompensa a largo plazo.
Cómo conseguir más con menos esfuerzo
Tratar de forzar tu motivación para lograr mantener un hábito difícil es como tratar de forzar el paso del agua a través de una manguera que está doblada. Lo que puedes hacer, pero requiere mucho esfuerzo y aumenta la tensión en tu vida.
Una de las más maneras para reducir esa tensión o resistencia asociada a tus hábitos consiste en practicar el diseño de tu ambiente, par hacer las señales más evidentes, pero también para poder realizar las acciones de manera más sencilla. Cuando decidas donde practicar un nuevo hábito , es mejor elegir un lugar que esté en el mismo camino que recorres al realizar tu rutina diaria. Es más fácil construir hábitos cuando encajan en el flujo de tu vida cotidiana. Las compañías exitosas diseñan sus productos para automatizar, eliminar o simplificar tantos pasos como sea posible.
La idea central es crear un ambiente en el que hacer aquello que es correcto, resulte tan sencillo como sea posible. Mucho de la batalla de generar buenos hábitos se reduce a encontrar maneras de reducir la tensión asociada con nuestros buenos hábitos e incrementar la tensión asociada con nuestros hábitos malos.
Prepara el ambiente para su uso futuro
Oswald Nuckols, desarrollador de tecnología de la información, mejoró sus hábitos de limpieza al seguir una estrategia aT la que llama “resetear la habitación”, cuyo propósito no es simplemente limpiarla después de haberla usado, también se trata de prepararla para la próxima vez que vaya a ser usada.
Hay muchas maneras de preparar el ambiente para que esté listo para su uso inmediato. Si quieres preparar un desayuno nutritivo, desde la noche anterior deja la sartén en la estufa, coloca el aceite en aerosol a un lado y saca todos los platos o utensilios que vas a necesitar.
La pregunta que debemos hacernos es: “¿Cómo puedo diseñar un mundo en el que sea fácil hacer lo que es correcto?” Rediseña tu vida para que las acciones que importan más sean siempre las más sencillas de realizar.
CÓMO DEJAR DE POSTERGAR USANDO LA REGLA DE LOS DOS MINUTOS
Los hábitos son elecciones automáticas que influyen en las decisiones conscientes que tomamos. Cada día hay un puñado de momentos que tienen un impacto mayúsculo. Me refiero a estas pequeñas elecciones como momentos decisivos. El momento en el que decides ordenar la comida o prepararla tú mismo. El momento en que decides manejar tu automóvil o usar la bicicleta.
Estas pequeñas elecciones se acumulan, cada una establece la trayectoria que nos indica como pasaremos el siguiente intervalo de nuestro tiempo.
Los hábitos son el punto de entrada, no el punto final. Los hábitos son el taxi, no el gimnasio.
La regla de los dos minutos establece “”Cuando empiezas un nuevo hábito, no debe tomarte más de dos minutos”.
Recuerda: la manera en que tus hábitos moldean tu identidad y viceversa
Te darás cuenta de que es posible encontrar una versión de dos minutos de casi cualquier hábito.
- “Leer antes de dormir” se transforme en “Leer una página”.
- “Doblar la ropa recién lavada” se convierte en “Doblar un par de calcetines”
Conforme dominas el arte de hacer las acciones evidentes, los primeros dos minutos se vuelven simplemente un ritual al principio de una rutina más larga. Entre más ritualices el principio del proceso, es más probable que avances al estado de concentración profunda que se requiere para hacer grandes cosas.
CÓMO HACER INEVITABLES LOS BUENOS HÁBITOS E IMPOSIBLES LOS MALOS HÁBITOS
Algunas veces el éxito se trata menos de facilitar los buenos hábitos y más de dificultar los malos hábitos. Esta es una Tercera Ley del Cambio de Conducta: hacerlo difícil.
Un mecanismo de compromiso es una elección que haces en el presente para controlar tus acciones en el futuro y son útiles porque permiten tomar ventaja de las buenas intenciones antes de que caigamos víctimas de la tentación.
La clave consiste en cambiar la tarea de tal forma que requiera más trabajo abandonar el buen hábito que empezar a realizarlo. Si te sientes motivado para entrenar y ponerte en forma, programa una sesión de yoga y págala por adelantado.
Cómo automatizar un hábito y nunca pensar en él otra vez
Define el tiempo el esfuerzo y el ambiente para crear tus hábitos.
Algunas acciones rinden frutos una y otra vez. Estas opciones que se toman una sola vez en la vida requieren un poco de esfuerzo al principio, pero luego adquieren valor agregado con el tiempo. Como por ejemplo, comprar un buen colchón, inscribirse en un plan automático de ahorros o de pagos, poner tu celular en modo silencio.
Estas acciones de una sola vez en la vida son una manera directa de aplicar la Tercera Ley del Cambio de Conducta. Estas acciones facilitan el buen dormir, la alimentación saludable, la productividad, el ahorro y, en general, una vida mejor.
Hay muchas formas de automatizar los buenos hábitos y eliminar los malos. Típicamente puedes poner la tecnología tu servicio, dado que esta es una manera confiable y efectiva de garantizar una conducta apropiada como programar visitas al médico y definir recordatorios automáticos, ahorrar para el retiro con descuentos automáticos de nómina.
